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viernes, 10 de febrero de 2012

En las universidades y terciarios de la Capital Federal también decimos “No a la megaminería. ¡Famatina no se toca!”

A más de un mes de la pueblada en Famatina, las organizaciones populares se anotaron su primera victoria al obligar al gobernador Beder Herrera y a la minera canadiense Osisko a suspender, al menos provisoriamente, el proyecto minero en dicha localidad. Pero la lucha sigue y es necesario seguir sumando apoyos al pueblo de Famatina y a todos los que luchan contra la contaminación y el saqueo de la megaminería.
El caso Famatina no es más que uno de los tantos proyectos que los monopolios mineros extranjeros como Osisko o la Barrick Gold pretenden instalar, apañadas por los gobiernos provinciales y el gobierno nacional. En estos 8 años de gobierno de los Kirchner el negocio minero creció enormemente y obtuvo aún más protección y beneficios que en los ’90, al tiempo que se mantiene la vigencia del Código Minero menemista, que implica, entre otras cosas, que las mineras paguen impuestos irrisorios, saqueando nuestros recursos naturales. Por eso no son casualidad las detenciones y causas abiertas a las y los activistas que ponen su cuerpo todos los días en defensa de la vida, incluso acusándolos de “terroristas” bajo la nueva Ley Antiterrorista.
Mientras tanto en la UBA, a través del Consejo Interuniversitario Nacional, se vienen aceptando los fondos provenientes de la minera Bajo La Alumbrera, ubicada en la localidad de Belén (Catamarca), donde su pueblo también se ha levantado por las consecuencias sobre sus habitantes y campos luego de quince años de explotación. Con esos fondos no solo se pretende desvincular al Estado de su responsabilidad en el financiamiento de la educación e introducir a las grandes empresas en la Universidad, sino también chantajear y subordinar a la Universidad para que legitime estos emprendimientos megacontaminantes. La UBA tiene que rechazar los fondos de La Alumbrera.
La pelea del pueblo de Famatina es una pelea nacional y viene cosechando múltiples apoyos. En las universidades y terciarios de la Capital Federal también somos muchos los que decimos:
¡Por el agua, por la vida! ¡No a la megaminería!
¡No al saqueo de nuestros recursos naturales!
¡Por el rechazo de los fondos La Alumbrera!
¡Famatina no se toca!

ESCRACHE AL GOBIERNO PROVINCIAL Y NACIONAL, CONTRA LA MEGA-MINERÍA A CIELO ABIERTO Y LA REPRESIÓN A LOS PUEBLOS EN LUCHA.

Ante el recrudecimiento de la violencia y la represión en Catamarca, que es de público conocimiento (ayer en una radio de la zona explicaban como matones amenazaban e impedían a personas movilizarse en micro a los cortes) nos volvemos a manifestar y los convocamos a todos/as a encontrarnos frente a la Casa de la Provincia de Catamarca (Córdoba y Junin, en la cuadra del Alicia) HOY 10 de Febrero A LAS 18:00 hs. Busquen la bandera de La Revuelta!!

¡Liberación y cierre de las causas a los asambleístas detenidos!
¡El Famatina No se Toca! ¡Fuera Osisko de nuestro país!
¡Fuera la Alumbrera de Catamarca!
Si a la vida, no a la Mina a cielo abierto.
¡Los gobiernos provinciales y el gobierno nacional son cómplices!
¡Ni una Mina más!

sábado, 14 de enero de 2012

SANGUIJUELAS:

(Adhesión de Eduardo Galeano a la lucha del pueblo de Famatina)

Durante varios siglos, las sanguijuelas fueron uno de los principales productos de importación de los países europeos.

Los médicos creían que las sanguijuelas, que chupaban la sangre, curaban a los enfermos.

No hace mucho, aplicando el sentido común se descubrió que las sangrías no ayudaban a los enfermos, sino que los debilitaban y les apresuraban la muerte.

Desde lejos, pero desde cerca, envío un abrazo de muchos brazos a los pobladores de Famatina, que no se dejan engañar con esos cuentos de las sanguijuelas modernas, que te venden buena salud mientras te acompañan al cementerio.

martes, 13 de diciembre de 2011

LA LEY DE TIERRAS O LA POLÍTICA DEL GATOPARDISMO

Cuando el 1ro de marzo de 2011, ante las cámaras del Congreso Nacional reunidas Cristina Fernandez anunció la presentación de un proyecto de ley que regulara la venta de tierras, las comunidades indígenas y los movimientos campesinos no pudieron menos que llenarse de expectativas. “Será una norma amplia, que proteja a los agricultores familiares (…) Hay modelos a mirar, como Brasil” afirmó la presidenta.

La legislación brasileña considera la tierra un bien social. Las organizaciones y movimientos campesinos de la Argentina reclaman hace décadas que la tierra deje de ser tratada desde una óptica mercantilista. Es un reclamo que atraviesa a la sociedad desde que existe la civilización: no considerar la tierra como un producto comerciable, sino un recurso comunitario, indispensable para la producción de alimentos para las comunidades. En el concepto que se tiene sobre la tierra se juegan los pilares de la soberanía alimentaria.

La ilusión duró exactos 58 días. El 27 de abril hubo cadena nacional para presentar el proyecto de ley. En ninguna de las siete carillas se menciona la función social de la tierra. Ni siquiera la promesa textual se vio satisfecha, no existe en todo el proyecto mención alguna a los “agricultores familiares”.
Ese mismo día, a pocas cuadras del Congreso, la comunidad QOM “La Primavera” cumplía cuatro meses de acampe y 48 horas de huelga de hambre reclamando se respete la Constitución Nacional, que en su artículo 75 inc. 17 declara que la tierra que ocupan las comunidades originarias de ninguna manera “será enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos” y también reclamando castigo para los responsables de la represión que en noviembre de 2010 asesinó a Roberto López, abuelo qom de 62 años.

Legislar sobre la venta de tierras a extranjeros es algo a lo que nadie en su sano juicio pudiera oponerse. Cada año vemos como cientos de miles de hectáreas pasan a manos extranjeras, incluso por valores inusitadamente bajos. Son emblemáticos los casos de Benetton, Tompkins, Joseph Lewis y Ted Turner. Pero limitar la venta a extranjeros no resuelve el acceso a la tierra para los pequeños y medianos productores, no garantiza el derecho a la misma de las comunidades originarias ni protege la conservación de los bosques nativos.

Los hermanos italianos Carlo y Luciano Benetton cuentan con un millón de hectáreas. ¿Será mejor que las adquiera la familia Blaquier, cómplice y artífice de asesinatos durante la dictadura y responsable directa de la masacre en la ocupación de Ledesma en julio de 2011?
El estadounidense Douglas Tompkins posee 270 mil hectáreas. ¿Será preferible que queden en manos del santafesino Jorge Ciccioli, responsable del asesinato de Cristian Ferreyra?

Regular la extranjerización de tierras ignora el núcleo de la injusticia rural: la concentración de tierras. Unos pocos tienen mucha tierra y muchos (campesinos e indígenas) tienen muy poca.
En la República Argentina, según datos del INTA, el 2 por ciento de las explotaciones agropecuarias controla la mitad de la tierra del país. Mientras que el 57 por ciento de las chacras, en su mayoría campesinos y pequeños productores, cuenta sólo con el 3 por ciento de la tierra. Entre 1988 y 2002, año en que se realizó el último censo agropecuario detallado, se redujeron en un 24,6% (de 422.000 a 318.000) las chacras y a pesar de no contar con datos fidedignos por las suspicacias que generó el censo 2008 es evidente que la concentración continúa avanzando.

Y mientras el Proyecto de Ley de “Protección al dominio nacional sobre la propiedad, posesión o tenencia de las tierras rurales” no contempla la distribución y conservación de la tierra para los pequeños y medianos productores, tampoco pretende revertir el proceso de extranjerización previo. “No se afectará los derechos ya adquiridos. Esto quiero que quede absolutamente claro, porque si no significaría cambiar las reglas de juego y perjudicar a aquellos que adquirieron de buena fe con reglas que estaban vigentes hasta ese momento”, remarcó la Presidenta cuando anunció el proyecto de ley sobre extranjerización de tierras. Y consideró que, no respetar la legislación, “hablaría de un país poco serio”.